jueves, 14 de febrero de 2013

Trabajo final de la asignatura







UNIVERSIDAD DE SALAMANCA
MASTER EN ESTUDIOS AVANZADOS EN FILOSOFÍA

ASIGNATURA:  Estética de la Filosofía
Profesor: Víctor del Río

La fotografía erótica
Visitar el formato blog para apreciar  fotos y video
http://esteticadelafotografia.blogspot.com.es/


Leyson Ponce Flores
Salamanca, 14 de febrero de 2013 





Esta reflexión pretende desde la asignatura Estética de la Fotografía y las discusiones llevadas a cabo en clase proponer un panorama de disertaciones que apuntan a definir la estrecha relación entre el cuerpo, su insinuación y la fotografía.




Primera estación
El tiempo: una variable determinante

Hace unos días  tuve la oportunidad de volver a    ver 10 años después “Los Sueños” de Akira Kurosawa, y en  uno de sus fragmentos o sueño, trataba  sobre un pintor que admiraba al gran Vincent van Gogh, pudiendo el novel pintor visitando el museo pasar a través de las pinturas del artista holandes. Así estas  cobran vida y en ellas intenta encontrarse con su creador. En su encuentro Van Gogh esta desesperado porque queda poco tiempo, simultáneamente aparecía una locomotora en marcha como signo de velocidad. Fuerte  metáfora sobre la modernidad y a su vez sobre el tiempo que no desvinculo al advenimiento avasallante de la fotografía. Yo no sé si Kurosawa lo hizo con esa intención, igual no es relevante porque eso responde al significado inaccesible del autor. El tiempo y la velocidad en plasmar la realidad: una conjetura sobre la interpretación de un momento en detención.

Si algo  fundamenta la fotografía es el tiempo. Ella misma es una suspensión, el detenimiento de un acontecimiento y pareciera dar gran importancia a la acción acontecida, pero es que desde el mismo momento que ha sido detenida, ya ese trozo de pasado ha quedado inmortalizado como una imagen que es metáfora de pasado ubicándonos en quién la contempla en la reflexión del tiempo inexorable en el siempre presente. Con esto se puede sentenciar que la fotografía es una acción en el tiempo.

Si bien la pintura también responde a un tiempo, éste es tácito porque pertenece al autor. La pintura tiene el tiempo del imaginario a diferencia de la fotografía que  es lineal y es pertenencia ineludible del momento. La fotografía en esa linealidad nos convoca a un antes y un después inevitable como señalara Pierce. Si bien esa detención nos ubica en un tiempo definido, ese tiempo tiene naturaleza histórica y podemos inferir su antes a través de múltiples evidencias y también su después como una extraña forma de sortilegio documentado.



Quizá el origen de todo sea el cuerpo, pero no como organismo natural, sino como artificio, como arquitectura, como construcción social y política. Eso que siempre imaginamos como biológico -la división entre hombre y mujer, masculino y femenino- y que es una construcción social. Me interesa la dimensión técnica de eso que parece natural.
              Beatríz Preciados





Como llegan a esta situación?

Porque se levanta la falda?

Que está mirando el chico?

Qué sucederá después?

Son preguntas básicas para determinar solamente como esta imagen que recoge un tiempo determinado puede promover en nosotros infinidad de interpretaciones sobre un hecho ocurrido como verdad o ficción.



Ahora bien, entendiendo la fotografía como este accionador del tiempo volviéndolo imagen, me he interesado en aquella donde el lente con clara intencionalidad busca lo que el cuerpo podría sugerir como erótico.
 
Segunda estación

Situándonos en el lenguaje de la insinuación



S. Freud definía la pulsión como una forma de excitación corporal controlada por la misma pulsión que es una buscadora de objetos, es decir que pulsión es fuerza estructuradora de la psique. Una forma de calmar esa excitación a través de la búsqueda del objeto o das dinge. Esta relación de pulsión sería una forma de construcción del mundo interior, pero que inevitablemente en la realidad de la vida que se vive es  donde encontraremos el objeto que calma esa excitación introspectiva. Con esta definición de Freud pretendo sólo establecer un espacio para reflexionar sobre la castración que ha vivido occidente en cuanto a su corporeidad. Una tradición de culpa legado de la religión judeo cristiana, ha situado el cuerpo en lo oculto y en este punto quiero relacionar el poder de la fotografía en mantener siempre una información oculta y que intuimos  en la linealidad atribuida a su tiempo. Creo que inclusive científicamente no puede haber un espacio de conjunto tan interceptados como es lo oculto que encierra la fotografía y lo oculto del cuerpo. Allí precisamente, en esa superposición cuasi prohibida se sitúa como un ojo intencionado la fotografía que intenta develar parte de ese cuerpo, haciendo de la imagen: insinuación.



Es de suponer que toda prohibición o castración como llaman los lacanianos a la idea de la perdida de la inmortalidad y de ser todos seres vulnerables, genera el deseo a la búsqueda de ese cuerpo perdido. Por esto Eros es vida y se opone a muerte que es Tanatos.



No pretendo escribir un ensayo sicoanalítico pero creo que Freud con la explicación sobre la libido nos da pistas para entender el erotismo y su contraparte como es la pornografía. Cuando diferencia la libido desde dos puntos de partida asociada al sujeto y otra asociada al  objeto nos aclara en términos de sentido que el enamoramiento por ejemplo es una valoración de la libido en el objeto y que la soledad o la depresión es una valoración de la libido en el yo. La libido en el sujeto o el yo  busca el placer en lo sexual, lo pornográfico, lo evidente, y nunca esta satisfecha, por ello siempre el deseo, a diferencia de la libido del objeto que busca placer en subjetivación del cuerpo, en el erotismo. Siempre en pulsión de vida, estaremos según Freud intentando construir un unidad nunca conseguida.


Jean Baudrillard a propósito de lo pornográfico nos sitúa en el espacio de la trasgresión, dice: esa es la finalidad. Luego allí no hay más ilusión.

la estetización de la experiencia donde la realidad retrocede frente a sus imágenes, que se reproducen al infinito sin dejar espacio para ilusión alguna”[1]


[1] De la seducción. Jean Baudrillard. Ed. Cátedra, Madrid, 2000.
  





Para efectos de este ensayo no nos preocuparemos por esta dimensión que tiene sus profundos temas en cuanto a cultura de la expiación, mercadeo de la privacidad y alto consumo. No obstante es interesantísimo este fragmento de Beatríz Preciados, filosofa española de transgénero y pan sexual en su libro “Pornotopía  Arquitectura y Sexualidad en Playboy durante la Guerra Fría”





“….Playboy y sus enclaves de invención de placer y subjetividad son cruciales en la transformación del régimen disciplinario en farmacopornográfico. El capitalismo farmacopornográfico podría definirse como un nuevo régimen de control del cuerpo y de producción de la subjetividad que emerge tras la Segunda Guerra Mundial, con la aparición de nuevos materiales sintéticos para el consumo y la reconstrucción corporal (como los plásticos y la silicona), la comercialización farmacológica de sustancias endocrinas para separar heterosexualidad y reproducción (como la píldora anticonceptiva, inventada en 1947) y la transformación de la pornografía en cultura de masas. Este capitalismo caliente difiere radicalmente del capitalismo puritano del siglo xix que Foucault había caracterizado como disciplinario: las premisas de penalización de toda actividad sexual que no tenga fines reproductivos y de la masturbación se han visto sustituidas por la obtención de capital a través de la regulación de la reproducción y de la incitación a la masturbación multimedia a escala global. A este capitalismo le interesan los cuerpos y sus placeres, saca beneficio del carácter politoxicómano y compulsivamente masturbatorio de la subjetividad moderna…..”



Preciados describe la pornografía en la sociedad posmoderna  desde una óptica multimedia como propiciaría el multimillonario Hefner. Una forma de hacer multimedia de la privacidad, aquella privacidad reducida en la sociedad americana a una casa con utensilios de cocina llena de equipos  eléctricos, ser socio de un club,  pertenecer a una congregación, tener un buen hospital y una cama para reproducirse.
  

"La sexualidad es como las lenguas. Todos podemos aprender varias"


Beatríz Preciados






Tercera estación

El Punctum de la fotografía erótica



Como he comentado sobre el tiempo en el antes y el después de la fotografía que Pierce denominaba técnicamente como el índice de la fotografía, Barthes por su parte lo va a llamar Punctum aludiendo a un campo ciego que esta fuera de la fotografía, a esa forma de develar lo oculto.

“La presencia de este campo ciego es, me parece, lo que distingue la fotografía erótica de la pornográfica. La fotografía representa ordinariamente el sexo, hace de él un objeto inmóvil (un fetiche) […..] no hay punctum en la imagen pornográfica, a lo sumo me divierte (y aún, el tedio aparece pronto) la foto erótica por el contrario (ésta es su condición propia) no hace del sexo su
objeto central, puede perfectamente no mostrarlo, arrastra al espectador fuera de su marco y es así como animo a la foto y como ella me anima a mí. El punctum es entonces  una especie de sutil mas-allá-del-tiempo, como si la imagen lanzase el deseo más allá de lo que ella misma muestra”[1]


El punctum no es entonces una pose o una situación definida sino todo actuando en sinergia, la totalidad de la imagen detenida haciendo de ese develar del cuerpo un descubrimiento de su insinuación, un punctum erótico porque nos coloca como vouyeristas frente a la imagen. Pero su valor como tal recae en el tiempo, en eso que Pierce describe técnicamente como el índice de la fotografía, el antes y el después, una variable que encarnada en el cuerpo que deja entreverse connota erotismo. Dándonos la posibilidad de una pulsión erótica propia del arte

Dos ejemplos


[1] Barthes, Roland La cámara lúcida. España. Editorial. Paidós. 1994. pág 108 y 109.
  



Podemos observar como aún develando parte de su cuerpo, intenta preservar tapado su sexo en telas transparentadas. No hay paisaje, es un estudio, una habitación habilitada. Ella posa con la gracia infantil de una pose de danza, quizás el acto mas agresivo porque es allí donde descubre sus senos.



La analogía de las formas circulares haciendo coincidir decorado con la columna es un punctum donde el vértigo de la misma figura nos lleva a un centro imaginario, nos  lleva la mirada a sus senos ocultos.





A manera de cierre

La fotografía es un reflejo de la realidad, y tomo la palabra reflejo porque no es la luz en si misma sino una proyección de si misma. El rebote abre un intersticio por el que puede fluir la interpretación y poder así comprender el punctum en ese espacio de rebote. Este reflejo no es lo real de la realidad, es más bien una segunda luz, por eso la fotografía tiene el poder de desdoblarse y ser entonces  un simulador de la veracidad.  Barthes señala como en un primer tiempo es una imagen bruta análoga a la realidad y en un segundo tiempo se reviste de códigos culturales. Esto lo constatamos en la historia constantemente. Los códigos culturales van modificándose en una suerte de masificación del gusto. No obstante y confieso como defensa, el erotismo en el arte se mantendrá como esa idea de insinuación del cuerpo en la medida que no se acerque a la masificación del gusto, a lo pornográfico.  Creo que occidente en su sofocante capitalismo salvaje, nos ha conducido al mundo de la pornografía y no entendamos ésta solamente a lo explicito del acto sexual, sino más bien como la perdida de la libido en el objeto nos ha alejado a: los afectos, la humanidad, las emociones, el humor, la risa, el amor, el verdadero sexo. Señala Beatriz Preciados como la cultura ha intervenido hasta en las preferencias cuando menciona las impuestas categorías sexuales del consumo,  la supremacía del binomio hombre-mujer, ser heterosexuales u homosexuales, todo esto conducido por sustitutos culturales de placer y de fuerte consumo generadores de una alta insatisfacción. Ahora mismo solo me viene como reflexión que la crisis, es sobre todo una crisis del erotismo.

Quién realicé una fotografía erótica no puede dejar de saber que ella encierra una especie de meta relato. Ella misma es una convocatoria a sublimar la fantasía. En la fotografía erótica podríamos decir que el punctum no es una pose, ni una parte del cuerpo expuesto, tenemos que pensar que el punctum es esa totalidad evocadora por la que se discurre el relato oculto de cada uno de nosotros. La imaginación erótica está en ese tiempo pre y pos de la detención de la imagén: está para ser proferida. Allí trabaja la imaginación, allí ejerce su función de tiempo, dado que la fotografía no puede representar la línea del tiempo sino un punto del tiempo. Somos el ojo del fotógrafo, somos esa especie de ánima que circunda la escena. El erotismo promueve movimiento a la psique, allí se gesta la pulsión y se sublima la imagen del objeto, allí recae la libido, Eros y  la vida, como una danza.  Bien decía Paul Valéry que la danza es un exceso de vida, a lo que infiero análogamente que la danza es un exceso de erotismo.



Otra posibilidad de abordar  el cuerpo como instrumento expresivo

Joel P. Witkins












 He construido una selección de imagenes en video a observar a continuación
el mism responde a una selección aleatoria referida a la historia del erotismo, no se indica que sean imágenes de punctum, solo es una revisión del cuerpo insinuado en la historia y cómo cambian sus aproximaciones al gusto




A continuación un último video sobre una experimento realizado con muchas cámaras fotográficas para elaborar y editar una coroegrafía llamada Slow Motion
Se trata de utilizar la tecnologia en una selección de fotogramas hasta 100 por segundo cuando lo utilizado normalmente son 25 fotogramas. Es un efecto interesante para observar desde esta técnica el movimiento fuera de la cuarta pared.





Bibliografía.





Barthes, Roland La cámara lúcida. España. Editorial. Paidós. 1994.



Baudrillard, Jean. De la seducción. Madrid. Editorial Cátedra. 2000



 Benjamin, Walter. La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Madrid. Editorial Taurus. 1973.


Otras fuentes